El amor en las parejas
No todo van a ser fotos. Como es natural, tras un objetivo hay una persona y con ella hay pensamientos e inquietudes similares y muy próximas a lo que podéis experimentar cualquiera de vosotros. Pudiera ser que muchos pensaran que en mí hubiese algo de un intelecto “especial” o un gran conocimiento de las personas. Indiscutiblemente intelecto no lo sé, pero conocimiento de las personas intuyo que algo sí hay por lo que estoy seguro os agradará mucho conocer algunos de mis pensamientos en cuanto a parejas se refiere. Y es que por mis manos pasan numerosas personas anualmente, personas con las personalidades más variopintas que podamos imaginar y no todas, en contra de lo que pueda creerse, con el mismo grado de interés o sensibilidad. Lo que sí es cierto es que todas están unidas por un punto común que es la humanidad, y esto es clave.
Tras mucho tiempo fotografiando algo más que parejas, es decir o entiéndase mejor, relaciones, puedo asegurar que todas las personas se mueven por las mismas cosas: por miedo, por interés, por fe o por amor. En lo que a mí respecta el comportamiento de las relaciones es un mundo y el no interferir en ellas a la hora de fotografiar es clave. Ahora bien, es necesario entender que se ha de inferir ligeramente en el comportamiento de las personas con el fin de obtener ciertos resultados…
El estar delante de decenas de parejas año tras año me permite plantearme diversas cuestiones importantes y que realmente no todo el mundo se para a preguntarse, como… ¿en qué radica el amor? ¿realmente existe un amor verdadero atemporal? ¿las parejas funcionan por amor o por inercia? ¿qué sentido y finalidad real encierra el matrimonio para dos personas que se quieren? ¿todas las parejas se casan amándose? ¿el matrimonio es algo efímero? ¿qué une a determinadas personas con otras cuando entre ellos se ve, claramente, que no existe un relación basada en el respeto y en el sacrificio? ¿cómo y por qué se casan parejas con una componente unidireccional visible y claro?
Son muchas preguntas… y pienso tener respuestas para cada una de ellas. Comenzar a explicarme es complicado pero si por algo tuviera que partir, probablemente partiría hablando de algo casi más importante que el amor pues es el germen que engendra toda la energía necesaria para amar. Esto es, la ilusión, la esperanza. Las parejas pueden amarse más o menos, entender más o menos el significado de la palabra amar, pero todas, en algún momento, han estado juntas gracias a una ilusión personal por algo mejor, por un futuro próspero, por la esperanza de obtener una vida distinta… en definitiva, por la ilusión o esperanza de poder llegar a ser más felices. Y he aquí la primera pista. El amor es fruto del verbo y como tal es un producto o resultado fruto de una intención, es decir, una voluntad, la cual requiere una iniciativa y como tal viene generada por una finalidad. Esta finalidad es, en conclusión, la búsqueda de la felicidad. La gente que ama lo hace con la esperanza de ser más feliz. El amar es pues el vehículo hacia la felicidad, y requiere de un estímulo, de una fuerza generadora y de una iniciativa personal. Si no hay acción, no hay fruto posible y por tanto de nada servirá la espera. Cuando el amor se acaba es porque no existe o ha dejado de existir la energía e ilusión necesarias para perseguir la felicidad propia como resultado indirecto de la felicidad ajena.
El amor así es fruto de vida, pues, como lingüisticamente puede entenderse, para que haya amor es necesaria la vida y para que exista ésta, curiosamente, es necesario que haya amor. El amor es una recurrencia de la energía del vivir, allí caemos todos alguna vez tan sólo sea por buscar amparo o por querer experimentar su placentera sensación.
El amor no es un resultado fortuito de una unión sino un manifiesto personal, voluntario y tenaz de compromiso, de voluntad. Nos damos cuenta que hay amor cuando hemos dedicado nuestro tiempo a amar y esto es clave para entender cualquier relación.
Cuando fotografío a una pareja mi primera pregunta es, ¿realmente se aman? ¿realmente entienden qué ocurre, qué es lo que les motiva? ¿tienen dudas el uno del otro? ¿son felices con su decisión? Desde un punto de vista de negocio esto no tendría por qué interesarme sin embargo desde un punto de vista personal me corroe la duda por intentar descubrir en las parejas quizás mejores pistas que ratifiquen mis pensamientos y conclusiones.
Lo que es común en todos y todas, y lo digo por experiencia… es el egoísmo. Y esto no es más que la antítesis del amor. Pues el amar implica la no necesaria devolución del gesto. El que ama no pide ser amado, lo hace porque quiere hacerlo. Cuando uno es egoísta, se da cuenta que ello le genera una insatisfacción, una infelicidad o, lo que es lo mismo, un déficit de cariño y amor hacia él. El egoísmo tiene múltiples facetas y se manifiesta de múltiples formas. Muchas veces las personas son egoístas sin ningún tipo de conciencia. Y no es que sea malo, es natural. Somos egoístas como una medida de autoprotección y de supervivencia. Pero es necesario entender que hay momentos en la vida y personas con las cuales no debemos de ser egoístas pues es necesario entregarnos plenamente con el fin de buscar un fin, un sentido, una ilusión o, simplemente, labrarnos un camino hacia nuestra propia felicidad.
En las parejas este egoísmo se ve, primeramente, como una condición de superioridad. En una relación joven, inexperta, es común observar cómo uno se alza sobre el otro de algún modo, aunque sea inconscientemente. Y éste último cómo irremediablemente y muy a su pesar no es que se coloque abajo, sino que se ve arrastrado por tal vendaval llegando a generarse internamente un sentimiento de inferioridad, de sumisión, de insolvencia, de ingratitud personal… Esto puede llegar a darse en el caso de que uno se considere personalmente más intenso, o con un nivel intelectual superior, o físicamente más bello o…
En ese caso, partimos de una posición en la cual no es sano amar. Y esto hay que dejarlo claro desde un principio. Un hombre no puede mirar a una mujer a los ojos con cariño y amor si internamente no se abruma al ver sus ojos tiritar, y viceversa.
Es por ello por lo que me gusta que cuando una pareja se mira, lo haga con ilusión, o lo que es lo mismo, con voluntad. Independientemente que yo esté presente o no lo esté. Pero es necesario entender que las fotografías han de realizarse por plena disposición personal, como un gesto de amor, de querer obtener un recuerdo fidedigno de un sentimiento real. No tiene sentido mirar una fotografía en la cual nosotros sabemos y entendemos, aunque no lo digamos, que ese sentimiento era forzado, o no era puro. En ese momento la fotografía pierde valor…
Así que, de momento, como primera regla de oro, si os hacéis fotos conmigo, que sepáis los hombres que al mirar a vuestras mujeres tenéis que provocar en ellas un sentimiento profundo que trascienda el acto en sí de fotografiarse. El momento debe de ser la construcción de un recuerdo, de un instante con una emoción sincera. Y lo mismo para las mujeres por supuesto.
Si lo hacéis, todo lo que viváis lo recordaréis en aquella mirada y con una extraordinaria precisión. Si no lo hacéis, bueno, tendréis simplemente unas fotos bonitas…
Ya seguiré hablando de parejas pues hay para dar y tomar… un abrazo.
Daniel.